El nivel de enfrentamiento, de momento verbal, en el que está deslizándose nuestro debate político, empieza a ser peligroso. Recalco lo de “verbal” porque en la vida diaria de la sociedad española no observo, salvo excepciones, tal grado de crispación o espasmo. Insisto en que no siempre ha sido así, aunque cada vez que ha gobernado la izquierda se han producido fenómenos de deslegitimación del poder político. Aquel lejano “váyase, señor González” suena hoy a amabilidad versallesca. En mi larga experiencia, en diferentes etapas, en la vida pública, no recuerdo que se acusara a un gobierno democrático de violador sistemático del Estado de derecho, de golpista, de dictatorial, de traidor a la patria y, además, mentar a la madre del presidente y afirmar que adolece de desequilibrio mental. Y todo lo anterior dicho no por alguien ebrio de vino en la barra de un bar, sino por exponentes de cargos institucionales o responsables políticos que aparecen en los medios y pueden influir en el pueblo soberano.
La artillería verbal, una reflexión
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