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Argelia y el Hirak: parálisis política frente a dinámicas sociales

Documento de trabajo
17 marzo 2021 / nº 108/2021
Laurence Thieux

Argelia y el Hirak: parálisis política frente a dinámicas sociales

RESUMEN

El malestar social con el régimen argelino que cristalizó, bajo la denominación de Hirak, en unas manifestaciones multitudinarias en contra de la candidatura de Abdelaziz Bouteflika a un quinto mandato, ha consumado la ruptura del contrato social entre el pueblo argelino y el sistema de gobierno, ya fuertemente agrietado desde los años 80. Tras la dimisión forzada del presidente por las presiones del Hirak y del ejército, los militares han tratado de garantizar la continuidad del sistema político a través de una hoja de ruta institucional que encuentra como pilares la elección del presidente Abdelmadjid Tebboune en diciembre de 2019 y la adopción de una nueva reforma constitucional en noviembre de 2020. Aún así, estas acciones no han logrado restaurar la legitimidad política perdida. El país se enfrenta, además, a considerables retos económicos, principalmente como consecuencia del agotamiento del modelo económico rentista que permitía mantener los equilibrios sociales. Argelia, inmersa en dificultades políticas y económicas internas, ha ido también perdiendo influencia en el escenario internacional y regional, ambos atravesados por profundas dinámicas de cambio.

Palabras clave: Hirak, Argelia, movimientos sociales, economía rentista, política exterior, Norte de África

RESUMEN EJECUTIVO

– Argelia atraviesa una situación en la que el poder político se ve deslegitimado y paralizado, enfrentado a una economía estancada y a un contexto regional e internacional delicado. Esto, sumado a la degradación de las condiciones sociales, representó un contexto propicio para el estallido de nuevas manifestaciones de descontento popular. El alto nivel de desafección popular y de rechazo hacia el sistema de gobierno de Argelia, traducido por una ruptura del contrato social poscolonial, motivó una serie de movimientos y manifestaciones sociales canalizados por el movimiento conocido como Hirak, que en 2019 forzó la renuncia del expresidente Abdelaziz Bouteflika a presentarse a un quinto mandato.

– A pesar de que estas movilizaciones masivas no consiguieron desmantelar el sistema político vigente, sí que iniciaron un proceso de reconstrucción de los vínculos sociales y favorecieron a la construcción de una nueva narrativa nacional alternativa.

– La jerarquía militar se ha atribuido el papel de árbitro y juez, y busca ganarse la confianza del pueblo argelino en sus intentos de recuperar el control del escenario político, con el fin de crear una nueva imagen que le sirva como escudo y le permita mantenerse en el poder. Su hoja de ruta ha sido, sin embargo, rechazada por el Hirak y otros actores sociales, que entre otros factores citan la verticalidad de las propuestas de reforma. Con la elección a la presidencia de Abdelmajid Tebboune, el país y su círculo de poder se enfrentan a enormes retos, con la dificultad añadida que representa un margen de maniobra mucho más limitado en el ámbito de la reforma constitucional y la incapacidad del sistema vigente de propiciar una nueva élite independiente.

– Argelia es el sexto exportador mundial de gas y ocupa el décimo lugar en reservas probadas de gas natural a nivel mundial. La pandemia de la COVID-19 ha provocado una bajada de los ingresos procedentes del sector de los hidrocarburos. Esta dinámica, en vista de la extrema dependencia económica de dicho sector y una insuficiente diversificación económica, plantea nuevos retos para el Estado argelino. La parálisis del sistema político también ha impedido la adopción de reformas económicas fundamentales dada la insostenibilidad del modelo rentista y el desafío creciente de la deuda externa. Los efectos del cambio climático amenazan con un impacto negativo aún mayor en el desarrollo económico del país.

– El progresivo declive de la renta energética y la crisis política interna han acentuado la dependencia de Argelia de los apoyos externos regionales e internacionales. El régimen ha concentrado sus esfuerzos en una búsqueda activa para ampliar estos apoyos. En esta línea, se han reforzado los vínculos con actores como Rusia y China, menos susceptibles de cuestionar el papel del ejército en el gobierno y la legitimidad política del mismo.

– La estabilidad e integridad territorial de los países vecinos (con especial peso de Libia y Mali) representan principios fundamentales de la política exterior del Estado argelino. Sus autoridades han esgrimido, tradicionalmente, reservas a la hora de implicarse militarmente en escenarios externos de conflicto, pero con la reciente reforma constitucional de 2020 se abre la puerta a que el país pueda participar en escenarios externos a las fronteras argelinas. Su acción exterior ha protagonizado un considerable viraje hacia el continente africano, en línea con países vecinos, principalmente un Marruecos con el que la relación ha conservado un tono y perspectivas negativas.

– El Estado argelino ha tenido dificultades a la hora de encajar con los marcos de cooperación propuestos por la Unión Europea, si bien ha desarrollado lazos estrechos con algunos de los Estados miembro, en particular Francia, España e Italia. El riesgo de desestabilización de Argelia, uno de sus socios magrebíes más importantes, representa un motivo de preocupación para España, en un marco bilateral todavía dominado por los ejes tradiciones de la energía, las migraciones y la seguridad.

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