Cada vez hay más personas en todo el mundo que sienten preocupación ante el ya visible cambio climático y sus derivadas/variables (crisis, riesgo, emergencia, transición social, alteraciones en la salud, etc.). Es un temor compartido, a pesar de parecer inconcreto en determinados espacios y tiempos. Tanto es así que se considera que las derivadas del cambio climático provocan, y provocarán, angustias de mayor o menor calado emocional. Por tanto, es necesaria una transición de mentalidad ante estas situaciones; sabemos que las incógnitas meteorológicas, y por consiguiente climáticas, se refuerzan con la repetición de eventos destructivos y el incremento de su magnitud. La ciencia relaciona estas situaciones con el hecho de no hacer casi nada, o demasiado poco, por aminorar una parte de sus causas. Seguro que lo saben los gobernantes aunque se les olvide, y empieza a conocerlo la ciudadanía.
Angustias, miedos e indignación en clave climática
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