Ya no tenemos que justificar que al hablar de medioambiente preferimos referirnos a lo eco-social. Dicho de otra forma: mirar desde varios ángulos la interacción permanente entre individuos, juntos o por separado, y la eco-dependencia demostrada. La vida al exterior del yo mismo demuestra que uno solo es casi menos que nadie. En este atribulado 2024 nos hemos convencido de la sabiduría del genial dibujante Quino sobre el hecho de que el mundo se ha convertido en un lugar inhóspito para pensar. Han sucedido tantas cosas que no nos da tiempo de asimilar si el hoy fue ayer o viceversa, si el futuro se empieza a escribir muchos años antes de 2024. Lo social se nos amontona. Los medios de comunicación y las redes sociales nos conectan tanto con el exterior que más de uno se refugia en sí mismo, y se olvida que tiene un prójimo al lado, y muchos muy lejos. Además, lo ambiental a secas ya dice poco, acaso algo a quienes miran el mundo sin renovar sus dimensiones. Queda bastante “viejuno”, por no calificarlo de anticuado.
El balanceo eco-social y climático de España 2024
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