Cuesta, a quienes lo intentamos, ponerle imagen cotidiana a la diplomacia. Parece una de esas grandes ideas/palabras que enriquecen el todo colectivo. Es una idea siempre en construcción, multiforme, variable, ejecutable a escalas distintas y en escenarios muy diversos. Juega una focalización implícita –a veces inconsciente- entre la ciudadanía y en las relaciones políticas, entre la administración y los administrados. Tal es así, que su no consideración explícita nos hace sospechar que algo no funciona como debiera.
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