La construcción de la Unión Europea siempre ha tenido enemigos, tanto externos como internos. En una primera fase en el mundo anglosajón, cuando las soflamas de W. Churchill sobre la necesidad de unos Estados Unidos de Europa se quedaban en humo, al permanecer Gran Bretaña fuera de la ecuación. Luego, con el fin de contrarrestar el avance la Comunidad Económica Europea (CEE), los ingleses se inventaron la EFTA, una estricta zona de libre cambio, con un conjunto de países de su área de influencia tradicional como los Países Bajos, Dinamarca, los nórdicos y Portugal. Más tarde, estos países comprendieron que no podían competir con el empuje de la unión liderada por Francia y Alemania, y acabaron ingresando todos en la UE, menos Suiza y Noruega. No obstante, Gran Bretaña siempre mantuvo un pie dentro y otro fuera, con todo tipo de excepciones, empezando por la decisiva unión monetaria del euro.
Objetivo a batir: la Unión Europea
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