Ante la maraña desinformativa que pretende llevarnos hacia un interesado caos conviene, de vez en cuando, refugiarse en la lectura. Quizá sea útil, por lo tanto, reflexionar sobre el porqué y el cómo se hicieron fracasar aquellas repúblicas que despertaron —algunas— tantas ilusiones. Me refiero a las repúblicas de Weimar en Alemania y la Segunda República española, la de los Consejos en Hungría o la monarquía parlamentaria de los Saboya en Italia. Ya sabemos que la historia no se repite con iguales formas, ni tan siquiera primero como tragedia y luego como farsa. A veces se reitera en una doble tragedia, como aconteció con ambas guerras mundiales.
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